No había ninguna duda, era Brick, el líder de los Rrb. Me pareció verlo sobresaltarse un poco al escuchar su nombre. Lo había pillado, y bien sabia que le iba a pedir explicaciones, muchas.
Se quedó callado por unos momentos. Comencé a pensar en lo extraño que era esto...¿Brick?...¿En mi casa?...Nunca había mantenido una conversación mas allá del "¡Alto ahí RowdyRuff Boys!" y del "¡A por ellos chicas!", a partir de eso, comenzábamos a pelear y solo se podían escuchar maldiciones susurradas y risas de su parte y de gruñidos furiosos de la mía.
Por lo que...realmente nunca había escuchado su voz realmente, o nunca me había detenido a escucharla. Se formó un silencio y yo no me dí cuanta, ya que estaba hundida en mis pensamientos. Al momento reaccioné y volví a entrecerrar mis ojos y fruncir mi ceño.
-¡No vas a hablar! ¡No me puedes mentir, te he descubierto Brick!- Una vez un silencio pesado ¿¡Y quien se a creído este para ignorarme así!?, que poca educación. Corté rápidamente el silencio, me acerque con un paso fuerte y toqué su hombro.
-¡Ya esta bien! ¿¡Es que no te han ense...!?-levantó el vuelo y se fue rápidamente. Y me dejó ahí, con el frío y lo peor, con la palabra en la boca. Definitivamente odiaba eso.
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Después de lo de ayer no me iba a quedar con los brazos cruzados así que, cuando mis hermanas ya dormía, tomé un abrigo grueso y me lo puse por encima del pijama. Me asomé a la ventana y me preparé para salir, no sin antes mirar hacia mis hermanas, esperando que no se despertasen, sobre todo Buttercup, ella no es una chica de muchas palabras, así que lo mas probable es que se abalanzase sobre Brick sin pedirle ninguna reclamación o hablar antes, como tenia pensado hacer yo.
Me acomodé sobre mi tejado, esperando su llegada. Era una noche bastante fría e iba a necesitar mas de un abrigo para que el suave aire congelado no me convirtiera en un cubito de hielo, pero aun así, podía aguantar, era una chica fuerte y un poco de frió no me haría daño.
Estaba un poco cansada de esperarle, bueno, después de haberlo descubierto ayer, empecé a cuestionarme su llegada, aún así lo maldeciría si no venía, no iba a pasar yo frió y aguantar el sueño por mucho mas tiempo, y mucho menos por el.
Al momento escuché que alguien se posaba en el tejado y giré rápidamente mi cabeza hacia donde provenía el ruido. Era el.
Al parecer se dio cuenta de que estaba aquí, y se sobresaltó, se dio la vuelta, pero esta vez no lo dejaría escapar así que volé rápidamente hacia el y me puse delante de el, a lo que este se sorprendió.
-¡No tan rápido!- Hizo una pequeña mueca de disgusto, ha de ser por que seguramente estaba cansado de oír la frase que siempre venia de la chica que le derrotaba cada vez que atacaba la ciudad.
-¿A donde te crees que vas?-Era una pregunta algo obvia, pero, por supuesto, no esperaba respuesta.
-...Que te importa- Giró la cabeza un lado, todavía con la mueca en su cara. Me quedé un poco es shock. Era la primera vez que escuchaba su voz claramente....era una voz ronca y tranquila, por lo menos eso me inspiraba, pero se notaba el disgusto en ella.
-¿Como que, que me importa?-Empecé a volveré roja de la furia-Has estado miles de noches entrando en mi casa sin permiso, y ademas vigilandome...¡¿Y encima me preguntas que, que me importa?!-En esos momentos creí que iba a estallar de la rabia, pero me tranquilice, no merecía la pena.
-Oye, tranquilízate zanahoria, no te he hecho nada-Seguía sin mirarme, y encima de todo con ese mote estúpido, como si el no fuera pelirrojo también-Vengo por la noche por que...-Pareció pensárselo un poco-bueno, para tomar el aire un poco y para despejarme del estrés de todos los días-
-¿Y para eso tienes que venir a mi tejado? Ademas, ¿Para que entras a mi cuarto y me observas?-Se quedó en silencio. Sin decir ni una palabra se sentó y comenzó a mirar a la al horizonte, a la nada.
Por su mirada parecía...¿Deprimido?, en ese momento mi interior reaccionó y mi habitual instinto maternal brotó. Por alguna razón me hacia sentir mal el verlo de esa manera, algo ocurría.
Sin pensármelo dos veces, me acerqué a el y tomé asiento a su vera.
-Em...¿Te encuentras bien?- No podía evitar preocuparme, es mi enemigo, lo se, pero yo soy una heroína y en mi cuerpo rebosa la bondad desde que nací, era algo casi instintivo-se te ve...algo, deprimido.
Agachó la cabeza y echó al aire un sonoro suspiro, después de unos segundos volvió a alzarla y me miró. Me miró con esos ojos carmesí que estremecían, que ponían los pelos de punta. Ellos mismos reflejaban algo de tristeza. Mantuvimos la mirada por un rato, no decíamos nada, parecíamos hipnotizados. Al momento, apartó la vista de mi y volvió a mirar al cielo estrellado.
-Si te lo dijera...-volvió a suspirar- no lo entenderías, nunca.
Lo mire extrañada por unos segundos. ¿Como que no lo entendería?, claro que si, yo entiendo de todo, y su problema no iba a ser una excepción.
-¿Por que no? Vamos, si no me lo cuentas no puedo hacer nada, quizá si lo entienda-Le hablé amablemente, a pesar de que sus palabras me ofendieron un poco.
Se levantó rápidamente y me volvió a mirar a la cara, esta vez su rostro mostraba a simple vista un enfado bastante grande.
-¡No! ¡Alguien como tu-profundizó esa ultima palabra-nunca me comprendería, alguien con un lugar cómodo donde dormir, con comida caliente sobre la mesa todos los días!-se paró unos segundos-Alguien a la que todo el mundo quiere, a la que cada vez que ven no miran con miedo. Con desprecio...
Me quedé en silencio, sus palabras llegaron profundo ¿Realmente esos pensamientos eran los que lo atormentaban tanto? Esto me hacia pensar...que tal vez, ya no quería ser alguien malvado.
-Alguien como tu....-susurro angustiado-nunca entendería nuestro sufrimiento.
En ese momento, me pareció ver que una lagrima caía por su mejilla, pero volteó rápidamente dándome la espalda. En este momento, me sentía...algo invulnerable junto a el.
El silencio reinó nuevamente, pero esta vez era uno incomodo, bastante.
-Brick...yo-no sabia bien que decir, pero en realidad, si que lo entendía-yo, si que te entiendo....ya que, mis hermanas y yo sufrimos lo mismo cuando el Profesor nos creó.
Sus ojos se posaron sobre mi, sorprendido al parecer, su ceño se frunció.
-Claro que si, y yo voy y me lo creo, vosotras habéis sido queridas desde el momento en el que llegasteis a esta apestosa ciudad.
-[...] Siéntate, te lo contaré-Dudó unos segundos, pero acepto, aun que manteniendo bastante la distancia.
Entonces nos quedamos allí, bajo el cielo estrellado. Se me olvidó por unos momentos en frió viento de esa noche.
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